Atis, Cibeles y el cristianismo

El 25 de marzo se celebra en la religión cristiana la Anunciación del Señor. Este día el ángel se presentó ante la Virgen María y le dijo que se alegrara porque había entrado en gracia y daría a luz un hijo que se llamaría Jesús.

El hijo de María sería la renovación, la Nueva Alianza entre el Creador y la humanidad.

El 25 de marzo se celebraba Hilaria o Fiesta de la Alegría conmemorando la resurrección del dios frigio Atis, amante de Cibeles, la Diosa Madre.

Atis era el dios de la vegetación y su resurrección, representando la renovación de la naturaleza, la renovación del Pacto entre los dioses – el Creador – y el ser humano.

Anteriormente los documentos examinados nos llevaron a una postura donde se asume que el cristianismo – al menos desde que fue protegido por el Imperio Romano – asumió la necesidad de apropiarse de tradiciones paganas, exotéricas y también esotéricas.

La figura de Jesucristo entronca con la mitología del Medio Oriente y Occidente; asume en su seno los ritos iniciáticos helenísticos dionisiacos y los egipcios de resurrección. Una vez comprobado que el 6 de enero era la celebración de las festividades de Dionisos, es preciso seguir profundizando en las festividades paganas y cómo el cristianismo las introdujo en su tradición, con el único objetivo de integrar a los paganos escépticos – incluyendo disfrazados los mismos ritos que ellos seguían por tradición – y demonizando después las antiguas tradiciones paganas.

La sociedad grecolatina es en cierta medida similar a la que tenemos hoy, aunque no exactamente. Los que habitaron en la Antigüedad tenían un concepto panteísta del mundo; la religión englobaba todos los elementos naturales como el propio Dios – a través de numerosas entidades religiosas que simbolizaban cada elemento -. La inmensa mayoría de los antiguos griegos y romanos no se cuestionaban siquiera si los mitos eran una realidad o ficción; los asumían en su fuero íntimo como una herencia cultural y tradicional necesaria, algo que no se podía cuestionar, pues hacerlo sería traicionar a los antepasados.

No es difícil establecer una analogía en ese sentido con lo que hoy en día puede comprobarse al menos en España: La inmensa mayoría de los católicos ni siquiera siguen los propios mandamientos religiosos y lo son por tradición, porque sus antepasados lo eran y dejar de serlo supondría traicionar su memoria.

Cabe suponer que ante la brutalidad represiva del Imperio Romano contra quienes no profesaran las creencias oficiales, sumado al carácter de los grecorromanos, no fue difícil lograr que asumieran la cristiandad como una herencia cultural propia de los antepasados, incluyendo el culto a la Virgen María para sustituir a Isis, Cibeles o Artemisa, además del héroe solar Jesucristo para consolidar las tradiciones de Dionisos, Osiris o Atis.

Atis, otro Osiris helenístico

El origen de Atis no es griego, sino frigio. Fue posteriormente adoptado en el panteón helenístico, se supone que gracias a los textos de Pausanias, un influyente viajero.

El nacimiento de Atis nos recuerda, en parte, al de Dionisos. Fue concebido por Nana, cuando ésta recogió el fruto de un almendro que fue creado al castrar a Agditis – por los dioses del Olimpo -, quedando así embarazada siendo virgen.

Posteriormente el niño fue abandonado por su madre, y criado por un macho cabrío. Es un detalle cuando menos relevante, puesto que en lo sucesivo las órdenes iniciáticas o de masonería – incluyendo los propios templarios – adorarán al macho cabrío en clara referencia a este mito, y la Iglesia Católica lo asociará con el Demonio. La Iglesia establecerá siempre que el Demonio confunde a los débiles con estos ritos iniciáticos.

La figura de Diosa Madre de Agdistis es tan relevante que incluso en los templos como el de Pesino se la denominaba como “madre de los dioses”, tal como relató Estrabón |1|. No son pocos los católicos que en vano tratan de separar los mitos de Cristo y Atis alegando que éste último no nació de una virgen; olvidando que Agdistis-Cibeles, por su condición de diosa, debía ser virgen eternamente.

Atis y Cibeles-Agdistis mantuvieron una relación de mutua dependencia, aislados de toda civilización, hasta que él se enamoró de una ninfa, para después castrarse con el fin de evitar posibles tentaciones futuras. Una vez castrado, se desangró… Pero como era un dios no podía morir del todo; así que renació el 25 de marzo para volver con su amor eterno. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que la fecha de su resurrección coincide, exactamente, con la del mito de Jesucristo, la denominada Semana Santa.

Los fieles de Atis y Cibeles, cada 22 de marzo, cortaban un pino y lo llevaban a su santuario, donde era tratado como el propio dios. El árbol era amortajado con bandas de lana y guirnaldas de violetas, pues ellas brotaron de la sangre de Atis. Después ataban a la mitad del tronco un muñeco representando a Atis. El 23 de marzo se hacían sonar trompetas, y al día siguiente se celebrara el “día de la sangre”; donde el gran sacerdote se sangraba los brazos y así hacía una ofrenda al dios. Más información sobre esta “Semana Santa” que coincide, además, con las fechas cristianas de resurrección de Cristo, pueden obtenerla en un magnífico libro de Edith de Joya, Dioses Dorados.

Estos ritos no son sino la representación de la resurrección de la naturaleza en primavera.

Barbara G. Walker sostiene que la fiesta de nacimiento de Atis se celebraba nueve meses antes de su fiesta de resurrección; el 25 de diciembre. Shirley Toulson también habla de que la fiesta de nacimiento era celebrada durante el Solsticio de Invierno y la de resurrección en primavera.

Pero además, por si esto fuera poco, Atis resucitó también a los tres días de haber muerto.

 

|1| http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus:text:1999.01.0198:book=10:chapter=3